San Juan Chamula (Cuarta parte)

Por José Alberto Gaytán García*

Mientras admirábamos la belleza de la iglesia de San Sebastián, le pedí a mi esposa Sandra que tomara algunas fotos del lugar, en especial del panteón y de las colinas que están frente a la iglesia. Estábamos entretenidos tomando fotos, cuando noté que empezaron a llegar muchas camionetas repletas de gente, en menos de una hora aquello se llenó de carros, autobuses, gente y mucho ruido.

No se de donde salió un señor vestido con ropa de colores, gorros con listones, tapabocas de plástico y lentes negros, molesto me reclamó en español “mocho” o mal hablado, “tu tomando fotos aquí y estando prohibido, por eso teniendo que pagar o dejar regalo”, pensé que el señor estaba jugando porque las personas que venían con el, por cierto, vestidos igual, se reían de todo y hacian mucho ruido con cornetas y tambores; tomé a la ligera las palabras de aquel hombre, le dije que no había problema, que ya me iba, le hice plática preguntándole para dónde iban, que dónde era la pachanga y cosas así. El hombre se molestó más, se me acercó en plan retador como queriendo pelear y me dijo “tu pagar o habiendo problema”, el resto del grupo, unas quince personas, entre ellos, dos niños como de once años, me rodearon pitándome en la cara con unas cornetas pequeñas como clarines que hacían un ruido espantoso, cada vez que yo hablaba, me ponían las cornetas cerca de la boca como si fueran micrófonos y tocaban las cornetas lo más duro que podían.

Me di cuenta que el señor en verdad estaba enojado y lo peor, todos venían borrachos, incluyendo a los niños, porque olían muy fuerte a alcohol. Traté de disculparme, explicándole que yo era un periodista de Veracruz y que las fotos las quería para un artículo que estaba escribiendo sobre San Juan Chamula y que no sabía que estaba prohibido tomar fotos en ese lugar. Mi explicación lo medio calmó, asentando con la cabeza que estaba bien, recuerdo que dijo “Ahh Veracruz, allá por el estado de México”, traté de aclararle donde estaba Veracruz pero me interrumpió diciendo “siendo igual, siendo mexicanas todas”. “Sí”, le dije, “tiene razón, todos somos mexicanos y hermanos todos, verdad amigo”. “Sí”, me dijo un poco más tranquilo, pensé entre mí, ya fregué, le puse el brazo en el hombro, como si en verdad fuéramos amigos, continué la platica fingiendo que todo estaba bien. Me dijo que era día del carnaval y que había fiesta grande en el pueblo, ahí entendí porque tanta algarabía y relajo, era el día del famoso carnaval de San Juan Chamula. Entonces, le pregunté qué regalo quería, con los dedos de la mano hizo la forma de un cuerno y se lo llevó a la boca, “Ahh”, le dije, “algo para unas cervecitas”, “sí”, contestó gustoso. “¡No hombre!”, le dije, “no hay problema amigo, todo fuera como eso”.

Le di un billete doblado de cincuenta pesos, cuando abrió el billete se enfureció, me lo aventó, y me dijo “tu ser muy mala, eso no ser regalo bueno”. Para no hacerles la historia muy larga, les diré que para ese entonces mi esposa Sandra estaba asustadísima y nerviosa, aunque ella no estaba rodeada por los chamulas ni la molestaban, de todas formas estaba cerca de mí oyendo todo el relajo y ruidaso que hacían con las cornetas. Con insistencia y muy nerviosa mi esposa me pedía que ya no les moviera, que no los hiciera enojar, que les diera más dinero para que nos dejaran  ir.

 San Juan Chamula Cuarta parte

Después de alegar un buen rato y de que me rechazaran el dinerito o regalo de 200 pesos que les ofrecía,  desesperado y molesto le pregunté al hombre que entonces cuánto quería, que yo no traía mucho dinero, ofreciendo mas disculpas por tomar fotografías al lugar, mientras volteaba para todos lados para ver si de casualidad veía algún policía que me ayudara, sin saber que ahí todavía se gobierna bajo los usos y costumbres chamulas o sea que de nada hubiera servido que llegara la policía porque a los chamulas no les gusta que les tomen fotos y esta prohibido tomar fotos en el interior de las iglesias, en procesiones y ceremonias religiosas, aunque yo no hice nada de eso, el hombre insistía en que yo estaba tomando fotos a la gente que estaba afuera de la iglesia.

Después de otra alegata como de quince minutos, finalmente nos arreglamos; les compré en una tiendita que estaba frente cerca de ahí, dos cajas de aguardiente que costaron 280 pesos, cada una traía 6 botellas de medio litro, no recuerdo la marca pero eran envases con etiquetas de color amarillo, hechos en Chiapas.

Con las botellas en la mano, amistosamente se despidieron de mí y el colmo!, cuando ya nos habíamos  alejado del grupo, escuche que me gritaban “amiga, amiga, tu venir”, me hice que no los oía,  de nada sirvió, dos de ellos me alcanzaron, me tomaron del brazo pero esta vez muy amigables, me dijeron apuntando con sus manos hacia el grupo, “jefe queriendo hablar contigo” le dije a mi esposa, ahorita vengo tranquila, ya todo esta bien, deja ver ahora quieren esos canijos, aquí quédate, mi esposa me respondió preocupada que por favor no los hiciera enojar ni les preguntara mas cosas, me acerque al jefe del grupo, preguntándole: todo bien amigo, “si amiga todo bien”, me respondió, “nosotras querer tomar foto contigo, tu tomando foto”; dije entre mi, no puede ser Dios mio! no que se enojan y que esta prohibido tomarles fotos, rápido llame a Sandra, “ven por favor hijita, tómame unas fotos aquí con los amigos”, la mitad del grupo se acercó al llamado del jefe, los otros se hicieron los disimulados y no se acercaron, se alejaron con las botellas en la mano, incluyendo los niños, todos estaban tomando.       

En el próximo y ultimo artículo de esta serie, les comentaré cuánto valen las mujeres en San Juan Chamula y cómo en diferentes episodios de la historia de México se ha comprobado el carácter indomable del pueblo chamula, ya que nadie los pudo someter, ni los capitanes de Hernán Cortés, ni los ejércitos de Moctezuma, ni campañas militares del gobierno de México. Continuará…

jalbertogaytangarcia@gmail.com
A44R6/17

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Acerca del autor

José Alberto Gaytan
José Alberto Gaytan
José Alberto Gaytán García ha escrito artículos y ensayos de corte académico en diarios y revistas de México y de los Estados Unidos; ha participado en importantes proyectos académicos e impartido conferencias sobre temas de historia, tecnología y educación en el marco de las relaciones entre México y los Estados Unidos, tema en el cual realizó sus estudios de doctorado en The Graduate School of Internacional Studies de la Universidad de Miami.

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