Del desierto a la selva (primera parte)

Por José Alberto Gaytán García *

De todos los eventos académicos y culturales que realizamos, en el 2005 en Tecnológico de Pánuco, el homenaje al maestro Francisco López Serrano y la presentación de su libro Del desierto a la selva, fue sin duda el más impactante y emotivo.

En efecto, fue un evento impactante por el tema contenido en dicho libro, así como por la personalidad de su autor y por la emoción despertada entre el público asistente al conocer los detalles de una increíble historia de lucha y sobrevivencia ocurrida en la década de los sesenta a un grupo de valerosos pioneros venidos del norte para colonizar entre otras regiones, la zona de Chapacao aquí en la Huasteca y la selva del río Candelaria, en el sureste del país.

Debido a lo extenso del tema, en esa ocasión el evento se centró a comentar el proceso de colonización de Chapacao, quedando pendiente la parte del sureste del país. Por lo tanto, el propósito de este artículo es cubrir en dos secciones dicha parte, la cual seguramente será de su amable interés.

El libro inicia con la travesía de un convoy de lancheros que transporta a 507 humildes campesinos de la comarca lagunera, región declarada en ese entonces zona de desastre debido a la sobrepoblación, desempleo y graves sequías que la afectaron durante diez años. A punta de hacha y machete, el convoy se abrió paso entre las peligrosas márgenes del río Candelaria, para finalmente establecerse en dicho lugar e iniciar solos y lejos de sus familias, una nueva vida llena de retos y dificultades en esas inhóspitas tierras salvajes.

López Serrano, responsable del programa de colonización del gobierno de López Mateos, enriquece el libro con impresionantes relatos de las experiencias y sustos vividos en la selva de la Candelaria; como lo sucedido la primera noche cuando trataba de dormir en una hamaca asegurada de las ramas de los árboles, narra el autor que repentinamente lo sacudió un espantoso rugido cuya fuerza y estruendo le dejó la impresión de haber sacudido a toda la selva. El rugido se prolongó en forma espaciada durante toda la noche. A la mañana siguiente supo que había sido un jaguar, animal altamente temido por la gente de la región. Allá también conoció el miedo que produce el Chechén, el árbol maligno de la selva, decían los lugareños que quien dormía bajo su sombra, perdía la vida. En la selva era común ver gente que le faltaba alguna mano o los dedos de las manos, eran las víctimas afortunadas de los ataques de la culebra “cuatro narices” que es la pavorosa y mortal nauyaca. Eran víctimas afortunadas porque quién es mordido por esta culebra generalmente no alcanzaba a llegar vivo a su cayuco o su embarcación para ir a pedir ayuda.

La belleza del río Candelaria y los hermosos colores y sonidos de las aves de la selva de un momento a otro se convertían en un sangriento y desagradable espectáculo cuando les tocaba presenciar los terribles ataques de los cocodrilos. Estos terribles monstruos con facilidad asombrosa capturaban en las márgenes del río a jabalíes, venados, mazates, armadillos, tepezcuintles y ganado de la región.

López Serrano, relata que aun más horrendo e impresionante era el ataque del águila de la selva a los primates llamados saraguatos. Con fiereza y valentía extrema estos nobles animales defendían a sus familias en desgarradoras batallas en las copas de los árboles, en esas crueles peleas los saraguatos siempre fueron vencidos y devorados. López Serrano confiesa que cuando veía a sus hombres internarse en la selva para realizar los trabajos diarios de desmonte y construcción de viviendas, se estremecía y se llenaba de miedo y recordaba con gran preocupación la obra maestra de José Eustasio Rivera La vorágine, que en su último párrafo refiriéndose a sus personajes dice: “Y se los tragó la selva”. El miedo y el temor de que a él y a sus hombres se los tragara la selva nunca se le quitaron, tampoco se le quitó el temor de que la obra de colonización terminara en cualquier momento en un rotundo fracaso.

Abel Quezada escribió el prólogo de este por demás interesante libro publicado por editorial Diana y describe a su autor en los siguientes términos: “López Serrano un abogado coahuilense, fuerte como un toro, de nariz y mentón cuadrados, con un cuerpo grueso como tronco de nogal, cuando lo conocí me daba miedo, cuando el miedo se me quitó nos hicimos amigos hasta la eternidad. La empresa de colonizar la selva no pudo estar en manos más apropiadas. Fanático de la honestidad, trabajador compulsivo, su energía mecánica como la de un tractor y su capacidad para convencer, organizar y dirigir gente, eran de la misma alcurnia de los conquistadores del siglo XVI”.

jalbertogaytangarcia@gmail.com
A13R6/17

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Acerca del autor

José Alberto Gaytan
José Alberto Gaytan
José Alberto Gaytán García ha escrito artículos y ensayos de corte académico en diarios y revistas de México y de los Estados Unidos; ha participado en importantes proyectos académicos e impartido conferencias sobre temas de historia, tecnología y educación en el marco de las relaciones entre México y los Estados Unidos, tema en el cual realizó sus estudios de doctorado en The Graduate School of Internacional Studies de la Universidad de Miami.

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